Intervención de  Dña. Nadia Calviño (Texto completo)

Intervención de  Dña. Nadia Calviño el día 29 de enero de 2021 ,en la la Comisión de Asuntos Económicos y Transformación Digital del Congreso,
Muchas gracias, presidente. En primer lugar, me alegro también mucho de verles. Estaba comentando con el presidente que estamos en un momento en el que creo que todos tenemos algún familiar, algún conocido, algún amigo en una situación delicada, y un momento muy duro desde el punto de vista personal. Y siempre da gusto ver a las personas en buena salud en este contexto.

Comparezco en esta sesión extraordinaria de la Comisión de Asuntos Económicos y Transformación Digital para informar sobre el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la economía española y los fondos europeos asociados al mismo. Como todos ustedes saben, se trata de un trabajo que está todavía en curso. Hemos trabajado muy intensamente desde mediados del año pasado. Estaba recordando la última vez que estuve aquí hablando de este tema, y fue con ocasión de la Comisión de Reconstrucción a finales de mayo. Y, desde entonces, ya empezamos a trabajar en este proyecto con intensidad, y tenemos que seguir trabajando a buen ritmo en las próximas semanas para estar bien preparados cuando terminen los procesos formales de ratificación y adopción a nivel europeo. De hecho, ayer mismo viajé a Bruselas para seguir concretando distintos aspectos del Plan en una estrecha colaboración con la Comisión Europea, que es el principio y el marco en el que hemos venido trabajando durante estos meses.

Mi intención era haber comparecido la próxima semana para informar sobre los contenidos del Plan y de la ejecución de los fondos europeos que ya tenemos perfilados y el estado de situación en la Comisión Mixta para la Unión Europea de este Parlamento, que es el órgano que en principio va llevar la interlocución y el control del Gobierno en esta materia. Pero la Diputación Permanente del Congreso acordó citarme con carácter urgente ante esta Comisión y yo estoy, como siempre, encantada de comparecer y rendir cuentas de este proyecto tan importante para el futuro de nuestro país. Espero que dentro de un par de semanas pueda ir, de todas formas, a la Comisión Mixta para informarles de los progresos que se hayan producido en este plazo.

Antes de entrar en el Plan de Recuperación en sí, voy a comenzar haciendo un breve repaso del contexto económico de la pandemia por cuanto esta semana hemos tenido una información importante sobre la situación económica en el cuarto trimestre del año pasado.

La irrupción del Covid a mediados de marzo de 2020, hace casi un año, ha tenido un fuerte impacto en la economía española debido al peso relativo de los sectores de actividad más afectados por las caídas de movilidad y demanda, así como por la intensidad de las medidas de contención que fueron necesarias en la primera ola, en primavera de 2020. Así, el impacto de la crisis fue una caída muy intensa de la actividad en el segundo trimestre del año, una caída estimada en un -17,9%, seguida de una progresiva recuperación conforme se fueron desescalando las medidas de confinamiento y gracias al Plan de Choque y al Plan de Reactivación, al conjunto de medidas que el Gobierno puso en marcha y que fueron convalidadas por este Parlamento para proteger nuestra economía y nuestra sociedad. Todo ello permitió una reactivación notable en el tercer trimestre, con un crecimiento estimado del 16,4%, que se mantuvo, que continuó en el cuarto trimestre del año, tal y como constata el avance de la Contabilidad Nacional Trimestral publicada hoy mismo por el Instituto Nacional de Estadística, que arroja un crecimiento del PIB entre octubre y diciembre de 2020 del 0,4%. Quiero poner en valor esta evolución porque ningún analista esperaba crecimiento intertrimestral positivo en el cuarto trimestre, dadas las difíciles circunstancias y la evolución menos favorable de lo previsto en las principales economías de nuestro entorno, en nuestros principales mercados exportadores.

Teniendo en cuenta que estos datos del segundo semestre de 2020 se han producido en un contexto de rebrotes ya desde el verano y en ausencia de turismo internacional, se puede concluir que la segunda y la tercera ola no están teniendo efectos económicos tan profundos como los de la primera ola de la pandemia, constatándose esa evolución en forma de ‘V’ asimétrica que pronosticamos en julio y descartándose por tanto los escenarios más negativos para el conjunto del ejercicio. Esto quiere decir también que la respuesta fiscal y monetaria que se ha dado a la pandemia desde el ámbito nacional, pero de forma coordinada y alineada con nuestros socios europeos, ha sido, está siendo, eficaz. Ha evitado hasta ahora daños permanentes en nuestro tejido productivo y nos da una buena base para que la recuperación se acelere en la segunda parte de 2021.

Estoy hablando de medidas como el apoyo público extraordinario a los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTEs), que acabamos de extender hasta el 31 de mayo de acuerdo con los agentes sociales y que será presentado para convalidación por este Congreso en las próximas semanas. Estos ERTEs han sido una red de seguridad eficaz para empresas, trabajadores y familias, amortiguando el impacto de la crisis sanitaria sobre el empleo, como se puede apreciar en esta diapositiva, que refleja tanto los ERTEs iniciales que se pusieron en marcha en marzo como los que se han ido poniendo en marcha con las nuevas extensiones para responder a la segunda y la tercera ola. Esta diapositiva también nos permite ver la relativa estabilización en el número de trabajadores, ligeramente por encima de los 700.000 cubiertos por los ERTEs, incluso en un contexto tan complejo como el de la segunda y la tercera ola de la pandemia. De hecho, se estima que tanto el Plan de Choque y el Plan de Reactivación que hemos ido desplegando a lo largo del año pasado equivalen a aproximadamente un 20% del Producto Interior Bruto de nuestro país. Y gracias a estas medidas que hemos adoptado de forma rápida hemos evitado la destrucción de más 3 millones de puestos de trabajo y una caída del PIB que hubiera superado el 25% en el conjunto del año.

Y ésta es, quizás, la característica distintiva de esta crisis con respecto a otras que han tenido lugar anteriormente en nuestro país. Esto es, que la caída intensa de la actividad no se ha visto acompañada de una destrucción masiva de empleo, como ha sucedido en el pasado. Estos gráficos muestran claramente el impacto diferencial sobre el empleo que se ha dado en esta crisis con respecto a la crisis financiera de 2008-2009, cuando una caída mucho menos drástica de la actividad condujo a una destrucción de empleo mucho más pronunciada, tanto en afiliaciones al Régimen General de la Seguridad Social como en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA). Encuestas publicadas recientemente ponen de relieve y marcan la enorme importancia que todos estos instrumentos han tenido. Y los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre, que hemos conocido ayer mismo y que son positivos, reflejan la creación de empleo, una reducción del paro, la estabilización de los trabajadores en ERTE y una caída significativa de la tasa de paro a lo largo de esa segunda parte del año pasado.

En efecto, los datos de la EPA del cuarto trimestre confirman lo que venían anticipándonos el resto de indicadores que monitorizamos diariamente: el empleo continuó recuperándose en el cuarto trimestre, con la creación de 167.400 puestos de trabajo a pesar de la segunda y la tercera ola de la pandemia. Es el segundo mayor incremento desde 2005 y nos ha permitido recuperar el nivel de ocupación de 2018, con más de 19,3 millones de ocupados. Además, la creación de empleo en el tercer y el cuarto trimestre de 2020 ha permitido recuperar buena parte de lo perdido durante los primeros meses del año. Y estas cifras han venido acompañadas, asimismo, de un aumento de las personas activas –especialmente en el colectivo femenino, que quiero poner en valor– y de una reducción del número de parados, con lo que la tasa de paro cerró 2020 en el 16,1%, y la tasa de paro media del año se sitúa en el 15,5%, lo que mejora las previsiones del Gobierno y de todos los analistas y organismos nacionales e internacionales. Más del 80% de los trabajadores en ERTE han vuelto a sus trabajaos, que es el segundo porcentaje más elevado de las economías de la Unión; de hecho, es el porcentaje elevado de las grandes economías de la Unión Europea. El número de trabajadores se ha estabilizado en estos 700.000 y, por tanto, el mecanismo de los ERTEs ha sido muy eficaz. Nuestra prioridad de cara a los próximos meses tiene que ser, por supuesto, recuperar los empleos que todavía no se han recuperado, reincorporar a todos los trabajadores que están cubiertos por los ERTEs, para situarnos en el nivel previo al estallido de la pandemia lo antes posible.

Junto con los ERTEs, también han resultado muy efectivas las medidas de apoyo a la liquidez proporcionadas a través del Instituto de Crédito Oficial (ICO) y el sector financiero, que han hecho llegar más de 115.000 millones de euros a la economía real. Una acción muy dirigida, muy enfocada a aquellos sectores más afectados. En la diapositiva que tienen delante ven no sólo que España es el país que mayor peso del PIB tiene movilizado en apoyo a la liquidez del tejido productivo, sino también ue estas ayudas se han orientado principalmente a comercio, transporte y sector HORECA. Es decir, los sectores más afectados por la parada de actividad y por la caída de la actividad. Hemos ido adaptando todos estos instrumentos a lo largo de la crisis, y lo seguiremos haciendo, para seguir teniendo un apoyo efectivo.

De hecho, el Banco Central Europeo (BCE) publicó el pasado mes de noviembre un informe que señala que el apoyo proporcionado en España es de los más efectivos de entre las economías europeas. Y esta misma semana, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha señalado, en su Informe Anual de Ayudas Públicas 2020, que España es, junto con Francia, el país de la Unión Europea que mayor porcentaje de PIB ha utilizado en ayudas frente a la crisis del Covid.

Acabamos de cerrar un año 2020 muy difícil, en el que el Gobierno se ha guiado por el realismo y la prudencia a la hora de hacer sus previsiones económicas. En esta diapositiva pueden ustedes observar cuál ha sido la evolución a lo largo del año de las previsiones de los distintos organismos nacionales e internacionales. Poco a poco, lo que se ve es que los organismos económicos han ido convergiendo hacia las previsiones del Gobierno, tanto de evolución del PIB como de tasa de paro, como se ve en la diapositiva. Y en ambos casos, aun siendo datos evidentemente negativos, la realidad ha mejorado las previsiones. Lo vemos en los datos de contabilidad nacional publicados hoy por el INE, que se reflejan en la gráfica de la izquierda; lo vemos en la tasa de paro media de 2020, que se ha situado en un 15,5%, claramente por debajo de las previsiones de todos los organismos, por debajo de las previsiones del Ministerio de Economía, que ha venido mostrando, desde hace más de dos años y medio ya, una enorme prudencia a la hora de su análisis y previsión macroeconómico. Y creo que esta prudencia es la que tiene que seguir guiándonos en los meses complicados que nos quedan por delante, en los que será necesario seguir manteniendo una atención de todos los indicadores económicos diarios para poder ajustar las medidas y la respuesta pública, y prestar por tanto un apoyo eficaz a las familias, a las empresas y los trabajadores. Y tendremos que mantener esa prudencia y realismo a la hora de nuestras acciones de más medio plazo.

Así pues, hemos comenzado el año con un mejor punto de partida del previsto, y hay cuatro claves fundamentales que en este momento tenemos identificadas, que determinarán la evolución de la economía española en el curso de 2021.

El primer factor es, evidentemente, la evolución de la pandemia. Desplegar con agilidad el calendario de vacunación, mantener las medidas de precaución sanitaria todavía unas semanas, mientras avanza el proceso de vacunación y conseguimos inmunizar a un porcentaje significativo de población. Ésta tiene que ser, sin duda, nuestra primera prioridad porque tenemos que cumplir nuestro calendario de vacunación y lograr que, para el verano, el 70% de la población esté inmunizada. Va a ser un elemento fundamental para que las expectativas se cumplan con respecto a la evolución positiva en la segunda parte del año.

Un segundo factor fundamental es la evolución de la economía internacional. La economía española está muy abierta. Esta tercera ola está golpeando de forma muy especial a nuestros principales mercados de exportación, tanto de bienes como de servicios, y aunque en las últimas semanas hemos tenido noticias positivas en cuanto a la reducción de los riesgos de tensiones más intensas de tipo geopolíticas, es evidente que tenemos que seguir prestando una atención especial a la recuperación en el ámbito mundial y que la incertidumbre sigue siendo la palabra que marca, que describe con mayor precisión nuestra situación en este momento. Por eso, tenemos que seguir trabajando para asegurar la estabilidad de los mercados de deuda soberana y fortalecer el sistema multilateral en aras de evitar los conflictos comerciales, de seguir apoyando a las economías más vulnerables del mundo y seguir teniendo también una acción solidaria con los países más pobres para que puedan también tener acceso a esa vacunación que nos pueda hacer a todos seguros.

En tercer lugar, un elemento fundamental es seguir evitando un impacto estructural sobre nuestra economía. Es decir, seguir actuando de forma decisiva sobre el tejido productivo y el empleo, sobre todo en los sectores más golpeados, como hemos venido haciendo hasta ahora. Tenemos que seguir adoptando medidas en las próximas semanas para evitar que los problemas de liquidez se conviertan en problemas de solvencia para las empresas viables. Tenemos que seguir proporcionando apoyo enfocado a aquellos sectores, a aquellas empresas y trabajadores más afectados. Tenemos que asegurar mecanismos ágiles de reestructuración empresarial, y también tenemos que recuperar el pulso inversor.

El cuarto factor que influirá de forma clara y evidente en la evolución de la economía española a corto plazo, y a medio y largo plazo también, es la capacidad que tengamos para ejecutar con agilidad, rapidez, prontitud y en su totalidad las inversiones y reformas previstas tanto en los Presupuestos Generales del Estado como en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la economía española para conseguir así un crecimiento fuerte, sostenible e inclusivo. Tanto a corto plazo como a medio y largo plazo. Y con esto me refiero no sólo a la acción de España, sino a la acción del resto de economías de nuestro entorno, incluso a las economías mundiales más importantes. Porque la fortaleza de la respuesta sanitaria, económica y social a la pandemia en todo el mundo, la coordinación con de nuestras acciones con nuestros socios europeos y también con las principales economías mundiales y, por tanto, también el posible efecto externo, el efecto desbordamiento positivo que se pueda derivar de esta acción coordinada y en el conjunto de motores de la economía mundial, estos factores han sido claves hasta ahora y van a seguir siendo determinantes de cómo se desarrolle, de cómo se comporte la economía española también.

Porque la realidad es que las medidas de respuesta y apoyo que hemos dado hasta ahora han sido imprescindibles, pero no son suficientes por sí mismas para garantizar la plena recuperación del nivel de PIB previo a la pandemia. Como se refleja en el gráfico que tienen delante, en el caso de España, el escenario inercial previsto por el Gobierno para 2021 apunta a un crecimiento del entorno del 7%. Es un crecimiento significativo, sin duda, pero que podemos reforzar con un impulso económico y del empleo a corto plazo, al tiempo que ponemos en marcha transformaciones profundas de medio y largo plazo para hacer frente a los desequilibrios de nuestro país –como el nivel de deuda pública, el paro estructural, la precariedad y el desempleo juvenil, el bajo nivel de inversión e innovación, la baja productividad o las brechas de desigualdad social y territorial—. Y para enfrentar también los retos de futuro –como la transición ecológica, la digitalización, los cambios demográficos o la despoblación de parte de nuestro territorio–.

Por todo ello, es evidente que el despliegue rápido y eficaz del Plan de Recuperación, un plan coherente de impulso de la oferta y la demanda, es fundamental para lograr el máximo crecimiento de la actividad económica y el empleo en 2021, y también para poner las bases de una recuperación lo más rápida posible de la senda de crecimiento pre-Covid y una elevación de nuestro crecimiento potencial, de nuestro crecimiento a largo plazo.

Se trata de poner en marcha las inversiones y reformas que tengan un mayor impacto macroeconómico y que, al mismo tiempo, impulsen de forma decidida el proceso de transformación estructural iniciado hace más de dos años y medio hacia un crecimiento más sostenible desde el punto de vista económico-financiero, medioambiental y social. Es decir, garantizar que la recuperación hoy lleva también a una transformación de nuestro sistema productivo que lo haga más eficiente, más productivo, más competitivo, más resiliente ante futuras crisis, y que permita también un crecimiento más sostenible a medio plazo.

Esta es la filosofía que guía el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia que, como todos ustedes saben, fue presentado por el presidente del Gobierno y los vicepresidentes el pasado 7 de octubre y que, desde entonces, hemos venido concretando en estrecho contacto con los agentes sociales, las diferentes administraciones públicas y, por supuesto, la Comisión Europea.

El Plan cuenta con cuatro ejes transversales, que se corresponden con las cuatro principales transformaciones que tenemos que abordar, alineadas por supuesto con los objetivos estratégicos de nuestro país, con las agendas estratégicas europeas: la transición ecológica, a la que se destinará el 37% de la inversión en los próximos años; la transformación digital, que recibirá un 33% de la inversión pública prevista; la cohesión social y territorial, y la igualdad de género. Estos cuatro ejes se declinan a través de diez políticas palanca, que son los procesos de reforma y de inversión articulados, coherentes para este proceso de transformación, y 30 componentes, que son paquetes coherentes de inversiones y reformas para articular la ejecuciñón de este Plan.

Brevemente, voy a exponer las diez palancas principales que recoge el Plan de Recuperación que, como digo, tiene ese triple objetivo: impulsar la recuperación, impulsar un proceso de transformación y reforzar la resiliencia, la capacidad de nuestra economía y nuestra sociedad de resistir y afrontar crisis en el futuro.

Estas diez palancas estratégicas, que son los motores de este proceso de transformación, se inician en primer lugar con la agenda urbana y rural, la lucha contra la despoblación y el desarrollo de la agricultura, que incluye tres componentes muy relevantes, vinculados con la movilidad sostenible, segura y conectada en entornos urbanos y metropolitanos, el Plan de Rehabilitación de Vivienda y Regeneración Urbana y la nueva política de vivienda, y la transformación ambiental y digital del sector agroalimentario y pesquero. Cuestiones todas ellas que han sido tratadas en diferentes consejos consultivos, reuniones de intercambio de ideas con el sector privado y con las administraciones públicas territoriales de nuestro país, así como con este Congreso en las diferentes participaciones y comisiones que hemos ido desplegando los distintos ministros.

La segunda palanca es la de Infraestructuras y ecosistemas resilientes, que desarrollará políticas de conservación y restauración de ecosistemas marinos y terrestres, de preservación del espacio litoral y los recursos hídricos y la Estrategia de Movilidad sostenible, segura y conectada, incluyendo, por supuesto, el desarrollo de los principales corredores europeos ferroviarios.

El tercer eje es el dedicado a lograr una transición energética justa e inclusiva, que incluye medidas relacionadas con el despliegue masivo del parque de generación renovable aplicando, entre otras cosas, la Estrategia Nacional de Autoconsumo; también tiene que ver con el despliegue de infraestructuras eléctricas, las redes inteligentes, las tecnologías de almacenamiento, el desarrollo del hidrógeno renovable y la estrategia de transición justa para los territorios afectados por este proceso. Insisto, es una agenda bien conocida por parte de la vicepresidenta Cuarta ha ido explicándola y hemos estado ya desplegándola a lo largo de los últimos años.

En cuarto lugar, para modernizar las administraciones públicas y adaptarlas a las necesidades del siglo XXI se activarán medidas de digitalización, con proyectos tractores en ámbitos estratégicos como el de la Justicia, el Empleo, la Sanidad o la Seguridad Social, así como medidas pensadas para la digitalización de las comunidades autónomas y entidades locales. Este mismo lunes tuve ocasión, en la Conferencia Sectorial en el ámbito de la Transformación Digital, de compartir todos estos elementos con los representantes de las comunidades autónomas y con la Federación Española de Municipios y Provincias. Por cierto, aprovecho para señalares que sus Señorías tienen una copia de los tres planes que han sido aprobados por el Consejo de Ministros este mismo martes y que completan los seis planes fundamentales para el despliegue de la agenda España Digital 2025.

Una quinta palanca es la de modernización y digitalización del tejido industrial y de la pyme, la recuperación del turismo y el impulso a una España nación emprendedora. Este quinto eje incluye medidas de la nueva Política Industrial España 2030, incluyendo los proyectos tractores de digitalización en sectores estratégicos como el de la automoción, el aeronáutico o el de la salud; los Proyectos de Interés Común Europeo –por ejemplo, en el ámbito del hidrógeno verde o las baterías–, medidas de crecimiento, digitalización, innovación e internacionalización de las pymes, que constituyen una parte tan importante de nuestro tejido productivo; también el refuerzo de la ciberseguridad, el Plan de Conectividad y el impulso del 5G, entre otras. Esta misma mañana hemos presentado por ejemplo un plan de inversión de 5.000 millones de euros para la digitalización de las pymes.

El sexto eje, la sexta palanca, se centrará en reformas e inversiones vinculadas con la Ciencia y la innovación, incluyendo el despliegue de la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA), que ya fue repartida al Parlamento en el momento de su aprobación, el año pasado; así como el refuerzo de las capacidades de los sistemas nacionales de Ciencia, Tecnología e Innovación, y de Salud.

Es fundamental el séptimo eje, que se centra en impulsar y modernizar la educación, la formación continua y el desarrollo de capacidades, especialmente el refuerzo de las competencias digitales del conjunto de la ciudadanía y de los trabajadores, la ampliación y modernización de la Formación Profesional y la digitalización del sistema educativo a todos los niveles, incluida la educación de 0 a 3 años. Esta misma semana también hemos aprobado ese plan de competencias digitales, también una segunda ola del plan Educa en Digital para el despliegue de ordenadores y tablets para los niños en el conjunto del territorio nacional.

El octavo eje del Plan está enfocado en la nueva economía de los cuidados y las políticas de empleo, con el objetivo tanto de reforzar las políticas de igualdad e inclusión como para abordar, mediante el diálogo social, los principales elementos de ese nuevo Estatuto de los Trabajadores del siglo XXI para desarrollar un nuevo mercado de trabajo dinámico, resiliente e inclusivo. Superar los intensos desequilibrios que marcan nuestro mercado de trabajo desde hace décadas.

La novena palanca es la de impulso de la industria de la cultura y el deporte, lo que incluye, entre otras cosas, el impulso del papel de España como hub audiovisual de Europa, un proyecto estratégico con el que pretendemos atraer inversiones y talento e impulsar el ecosistema de empresas y profesionales del sector audiovisual, incluido el ámbito de los videojuegos, en el que nuestro país tiene una posición muy importante en el ranking mundial.

Y, finalmente, la décima palanca es la de modernización del sistema fiscal para lograr un crecimiento inclusivo y sostenible, incluyendo reformas tanto en el ámbito de la lucha contra el fraude fiscal como para adaptar el sistema impositivo a la realidad del siglo XXI, mejorar la eficacia del gasto público y poner en marcha las recomendaciones del Pacto de Toledo en materia de sostenibilidad y refuerzo del sistema público de pensiones. Como digo siempre que me refiero al sistema de pensiones, la joya de la corona de nuestro Estado del Bienestar.

Como les decía, se trata de un plan muy exhaustivo y ambicioso de reformas e inversiones a desplegar en los próximos años con una intensa concentración en la primera parte del periodo, es decir, 2021-2023, para lograr un impacto macroeconómico contracíclico, como he señalado. Reformas e inversiones que se corresponden con las líneas estratégicas impulsadas por nuestro Gobierno desde hace más de dos años y medio, con las agendas europeas y, también, con las distintas recomendaciones que emanaron en este mismo Parlamento en su Comisión de Reconstrucción, celebrada a mediados del año pasado.

Entre los 20 proyectos tractores más importantes desde el punto de vista de la inversión podemos citar la Estrategia de Movilidad Sostenible, Segura y Conectada; la Hoja de Ruta del 5G, el Plan de Competencias Digitales, el Programa de Rehabilitación de Vivienda y Regeneración Urbana, el Plan de Modernización y Competitividad del Sector Turístico, la nueva Política Industrial España 2030, la Estrategia de Economía Circular, el Plan Estratégico de Formación Profesional, la Hoja de Ruta del Hidrógeno Verde, el Plan de Digitalización de las Pymes, la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial, el despliegue de las infraestructuras eléctricas, las redes inteligentes y nuestra capacidad de almacenamiento; el Plan de Preservación del Litoral y recursos hídricos… En esta diapositiva se recogen esos 20 principales programas de inversión que pueden tener un mayor impacto sobre la recuperación económica a corto plazo y también sobre nuestro crecimiento potencial a medio y largo plazo.

Pero tan importante como el primer pilar de inversiones es el segundo pilar del Plan, el de las reformas estructurales, que ya hemos puesto en marcha en diversos campos, que no se han detenido durante el año 2020 en paralelo con la respuesta a la pandemia y que, de hecho, ha tenido avances muy significativos en el último año en el ámbito medioambiental, de energía y clima, de ciencia, o de educación y formación profesional. Se trata de medidas, de reformas que impulsan la transición ecológica, la digitalización y la política científica, que modernizan la educación y la formación profesional, que mejoran la regulación laboral –por ejemplo, en el ámbito del teletrabajo, por ejemplo—, que mejoran nuestro sistema fiscal, con la puesta en marcha de los nuevos impuestos de transacciones financieras y servicios digitales.

Este proceso de modernización ya está en marcha, pero con el Plan de Recuperación podremos escalar todos estos proyectos, todas estas reformas, y acelerar el esfuerzo teniendo un plan coherente de reformas que mejoren la demografía empresarial y el clima de negocios, reforzar el capital humano, apostar por la Ciencia, aumentar el capital tecnológico, proteger y revaloriza nuestro capital natural, mejorar la vertebración territorial y el refuerzo del capital social en todo el país y, también, modernizar el ámbito fiscal, de las pensiones y del mercado laboral, como mencionaba hace un momento.

Éstos son los ejes de este Plan coherente de reformas, que se declinan a través de los 30 componentes del Plan de Recuperación. Se trata de todo un paquete de inversiones y reformas tendente a modernizar el tejido productivo y la administración, a aumentar la productividad y el crecimiento potencial de la economía, aumentar también la capacidad de nuestra economía para crear empleos de calidad en todo el territorio nacional y también contribuir a reducir las brechas sociales y de género, que se han visto ampliadas desde la crisis financiera.

Este proceso de reforma queremos abordarlo con el máximo consenso social y político y mirando al futuro, porque éste es el camino para garantizar que el impulso inversor en nuestra economía no se agota en 2023 o 2026, sino que logramos un impacto estructural que perdure a largo plazo.

Para llevar a cabo este ambicioso Plan, contamos con los nuevos instrumentos de financiación aprobados por el Consejo Europeo y, en particular, lo que se conoce como los mecanismos Next Generation EU, que es un mecanismo muy diferente de los fondos estructurales y de los instrumentos europeos que existían hasta ahora pero cuyo impacto sobre la economía de nuestro país puede ser equiparable al que tuvieron los fondos estructurales en los años 80 y 90 en términos de modernización de la estructura económica y social de nuestro país.

Como saben, la dotación correspondiente a nuestro país dentro del Next Generation EU asciende a unos 140.000 millones de euros en el periodo 2021-2026, con casi 70.000 millones de euros en transferencias del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia entre este año y 2023, a los que se sumarían los más de 70.000 millones de euros en créditos que, potencialmente, podemos movilizar hasta 2026. Todo ello sin olvidar también los 12.400 millones de euros del conocido como React-EU que, como saben, es para responder a la pandemia y, por tanto, para invertir en el ámbito de la salud y la educación, principalmente. Este instrumento es el que ya se ha articulado con las comunidades autónomas por parte del Ministerio de Hacienda para dotarles de recursos a aquellas administraciones que están en la primera línea en el ámbito de la salud y la educación. Y a estas cifras se suman los más de 36.000 millones de euros de los fondos estructurales (fondos Feder y el Fondo Social Europeo) previstos en el Marco Financiero Plurianual 2021-2027 y el resto de programas comunitarios. La magnitud de este impulso inversor y de los recursos que pueden fluir a nuestro país no tiene parangón con otros programas de inversión en otros momentos de nuestra Historia.

Las inversiones financiadas con cargo a los fondos del Next Generation EU permitirán movilizar inversiones privadas por unos 500.000 millones de euros en los próximos seis años. Y, según nuestras estimaciones, el impacto a corto plazo, ya desde 2021, si desplegamos íntegramente este Plan podría ascender a más de 2 puntos porcentuales adicionales de crecimiento del PIB, mientras que a medio y largo plazo el crecimiento potencial de la economía española podría elevarse por encima del 2%.

Es evidente que, para conseguir el máximo impacto, la agilidad y la rapidez del despliegue son fundamentales. La intención del Gobierno es concentrar la ejecución de las transferencias en los primeros tres ejercicios, empezando en 2021. Y, por eso, ya en los Presupuestos Generales del Estado de este año hemos incluido 27.000 millones de euros de esa financiación europea. Más de 17.200 millones de euros se destinarán, fundamentalmente para la transformación del universo de las pymes, el impulso del comercio y el turismo, la descarbonización de la economía y la potenciación de la ciencia y las capacidades investigadoras de España; mientras que casi 9.000 millones de euros serán inversión social para reforzar nuestro Estado del Bienestar y evitar que la pandemia acreciente las desigualdades en nuestro país.

En un contexto marcado por la incertidumbre como el actual, y ante los retos para la recuperación plena de nuestra economía, es evidente, Señorías, que la plena ejecución del Plan de Recuperación a partir de es una prioridad para lograr un crecimiento fuerte y para reforzar también la sostenibilidad financiera a medio plazo.

En principio, está previsto que haya dos pagos al año de este nuevo Mecanismo de Recuperación y Resiliencia que, como decía, es diferente de los fondos comunitarios tradicionales y del instrumento React-EU (que es más parecido a los fondos estructurales). La Comisión Europea está todavía trabajando en los detalles del calendario y los procedimientos. Y, en el caso del año 2021 el funcionamiento incluirá un pago de prefinanciación de aproximadamente 10.000 millones de euros para nuestro país en el momento en que se apruebe el Plan de Recuperación.

Evidentemente, para hacer posible esta rápida y ágil ejecución es preciso contar con una gobernanza eficaz y una buena interlocución con los agentes sociales, con las empresas con el resto de niveles de la administración pública y con los grupos políticos. Una colaboración público-privada, social y política es esencial para garantizar la permanencia a largo plazo del programa que vamos a desplegar en los próximos ejercicios. Porque, a fin de cuentas, éste es un proyecto de país. Un proyecto que exige que aunemos esfuerzos y trabajemos con una hoja de ruta compartida y un horizonte común.

De ahí que el Gobierno haya planteado desde el primer momento un modelo de gobernanza del Plan de Recuperación caracterizado por un fuerte liderazgo e involucración a alto nivel, con el propio presidente del Gobierno encabezando la preparación e implementación del Plan; una nueva unidad técnica en Moncloa y el refuerzo del Ministerio de Hacienda, que va a ser la Autoridad Responsable de la ejecución del Plan de cara al futuro. También hemos estrechado la coordinación entre los ministerios, hemos creado diferentes mesas, foros, consejos consultivos y conferencias sectoriales para asegurar un contacto constante y fluido con las comunidades autónomas y los ayuntamientos, con los agentes económicos y sociales y con los expertos y la sociedad civil en general, para identificar los mejores proyectos y reformas y eliminar los posibles obstáculos, cuellos de botella o dificultades a la hora de ejecutar los programas.

Todo ello sin olvidar, por supuesto, el papel que debe jugar este Parlamento en varios sentidos. En primer lugar, a la hora de tramitar de manera ágil y responsable los diferentes proyectos legislativos que hemos ido, estamos y seguiremos trayendo para desarrollar las nuevas políticas estructurales recogidas en el Plan. Es un aspecto fundamental porque, como ya he señalado, el desembolso de los fondos europeos se irá produciendo conforme se vayan cumpliendo una serie de hitos y objetivos, entre los que se cuentan, naturalmente, la puesta en marcha de las medidas legislativas incluidas en el Plan de Recuperación. En segundo lugar, el Parlamento es la institución que debe ratificar determinados acuerdos europeo para que puedan entrar en vigor, como es el caso de la Decisión de Recursos Propios de la Unión Europea, que el Consejo de Ministros ya remitió al Parlamento hace unos días para su ratificación, y que es un trámite imprescindible que deben llevar a cabo todos los estados miembros para que la Comisión Europea pueda emitir la deuda necesaria para financiar los planes nacionales de recuperación en el curso ya de 2021. Éste es un tema urgente y prioritario si queremos que se haga realidad el Fondo lo antes posible y los desembolsos. Y, en tercer lugar, en cuanto a sus funciones de control, ya que el propio Real Decreto-ley de agilización administrativa, que ayer fue convalidado en el Pleno de esta Cámara, obliga al Gobierno a informar regularmente a la Comisión Mixta (Congreso-Senado) para la Unión Europea sobre los progresos y avances del Plan de Recuperación. Un Real Decreto-ley que, en sí mismo, constituye ya una importante reforma estructural y que es otra de las piezas clave para garantizar una ejecución eficaz del Plan, ya que elimina cuellos de botella, agiliza los procesos administrativos y refuerza la cooperación público-privada, garantizando en todo caso todos los controles y la transparencia necesaria cuando se habla de una buena gestión, una gestión rigurosa y responsable de los fondos públicos. Un texto que fue, por cierto, consultado, por supuesto, reiteradamente con la Comisión Europea antes de su adopción por el Parlamento.

Finalmente, termino con una referencia al calendario. Como todos ustedes saben se están ultimando los procedimientos formales de ratificación, adopción y publicación de los textos legales en el ámbito comunitario, un requisito sine qua non para poder presentar el Plan español de manera oficial y formal ante la Comisión Europea. Una vez se culmine ese proceso formal, la intención del Gobierno es presentar el Plan a la Comisión Europea a lo largo del primer trimestre del año.

Entre tanto, el Gobierno sigue avanzando en los trabajos de preparación del contenido de nuestro documento, en estrecha colaboración con la Comisión Europea y con la previsión de que la implementación del Plan se acelere a partir del tercer trimestre del año.

Para asegurarnos de que esto es posible, estamos lanzando ya procedimientos de manifestación de interés que nos sirvan para identificar espacios potenciales de oportunidad para desplegar los proyectos por parte del sector público, en colaboración con las comunidades autónomas y las corporaciones locales. Hasta la fecha se han lanzado ya una decena de manifestaciones de interés. Por ejemplo, en el campo de la conectividad de alta velocidad y el despliegue del 5G en zonas rurales, el despliegue de la Hoja de Ruta del hidrógeno verde, los proyectos de competitividad y sostenibilidad industrial, el impulso de las comunidades energéticas locales o la respuesta al reto de la despoblación y el impulso de la economía rural, entre otros.

Además, seguimos avanzando en el Gobierno en la tramitación de las propuestas legislativas que ya estaban en marcha, y también de algunas nuevas. Y, por supuesto, poniendo en marcha las mesas y foros de diálogo social para ir avanzando también en esos ámbitos de reforma que tienen que plantearse en el marco del diálogo social. Y, por supuesto, hemos comenzado a ejecutar, desde el primero de enero, los Presupuestos Generales del Estado para 2021 que, como todos ustedes saben, son un instrumento clave y esencial en relación con el Plan. Mi intención, como he señalado, era ir la semana que viene a la Comisión Mixta. Como hoy tengo esta comparecencia pretendo ir dentro de un par de semanas para poder tener más información detallada que pueda compartir con este Parlamento con respecto a los elementos principales del Plan y el grado de despliegue y concreción de los elementos sobre los que estamos todavía trabajando.

Señorías, concluyo ya. Me he extendido más de lo habitual, lo sé, pero creo que la ocasión merecía la pena y, además, tenía mucho interés en que conocieran en detalle el estado de situación de este tema tan importante. Porque este Plan no es un proyecto del Gobierno. Es un proyecto de país que nos tiene que servir para dejar atrás no sólo la dura crisis provocada por la pandemia, sino también dejar atrás muchos de los desequilibrios y desigualdades que veníamos arrastrando desde hace décadas. Desigualdades y debilidades estructurales que tenemos que tratar de atajar y a las cuales tenemos que responder lo antes posible para incrementar nuestra capacidad para crecer, de crear empleo de calidad y de resistir ante las crisis que, cíclicamente, nos afectan.

Ésta tiene que ser nuestra prioridad absoluta en el corto plazo, en estos próximos seis meses. Además, por supuesto, de luchar contra la pandemia y seguir apoyando y protegiendo las bases de nuestra economía y nuestro tejido social. Porque el año 2021 es absolutamente clave para poner en marcha estas nuevas políticas de modernización, empezar a desplegar con la máxima eficiencia y y agilidad posible este Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Y, en definitiva, trabajar con esta hoja de ruta clara, con los recursos que en este momento pueden empezar a fluir y apoyarnos para la puesta marcha de este Plan de Recuperación. Y construir sobre las bases que tiene nuestro país y que yo siempre comparto con ustedes: tenemos una sociedad fuerte, solidaria y creativa; tenemos unas empresas innovadoras y competitivas; tenemos unos trabajadores comprometidos y esforzados. Y creo, y espero, que podré contar también con su apoyo para poder avanzar juntos hacia un crecimiento más robusto e integrador. Muchas gracias.
Fuente: Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital

 

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