La digitalización del dinero, un proceso imparable.

Es indudable la importancia de las nuevas tecnologías en el mundo actual y su influencia en todos los ámbitos de nuestras vidas. Técnicamente consiste en transformar algo real y físico a datos que permiten, a través de máquinas, aprovecharlos para optimizar procesos actuales (como podría ser el de una empresa) o para otros propósitos (listados de clientes potenciales para negocios, censos de ciudadanos, etc.).

Si reflexionamos sobre esta definición nos damos cuenta de la influencia de la digitalización en campos como la cultura o el ocio, pero también en otros campos como la gestión empresarial o la arquitectura.

La economía no es ajena
En lo que a la economía se refiere, la digitalización tiene muchas caras, muchos ámbitos en donde está presente, desde ser fuente de negocio a organizarlo. Es fuente de negocio en la medida que cada vez son más los negocios digitales, como la venta online o las plataformas de ocio de pago por visión en streaming.

También tiene una importancia capital en la gestión empresarial, en la medida de que, a día de hoy se han desarrollado potentes softwares que pueden llevar un completo control de la actividad empresarial, desde el control de las líneas de producción, hasta la distribución a punto de venta o a cliente final.
Basta simplemente con analizar la evolución de la relación de los clientes con las entidades bancarias, en donde se ha pasado de una atención totalmente presencial a otra 100% remota en muchos casos. De hecho, no hay entidad bancaria que ofrezca ya a sus cliente su versión banca online y también hay entidades cuya presencia es completamente online, con poca o ninguna presencia física.
Servicios 100% online
Efectivamente, a día de hoy es más posible que nunca gestionar nuestros ahorros y sacarles algún rendimiento sin tener que caer en manos de un banco que poco o nada nos da de rendimiento de nuestros ahorros. Existen plataformas que nos permiten invertir, con mayor o menor riesgo, en cualquier bolsa del mundo e incluso podemos hacerlo nosotros mismos tras cierto aprendizaje.

También existen entidades financieras que nos ofrecen
fondos de inversión que funcionan de una manera casi automática. El usuario únicamente tiene que indicar la cantidad que quiere invertir y el riesgo que quiere correr y el sistema optimizará sus inversiones de manera automática. Obviamente, con inversiones de riesgo es fácil la pérdida, pero también es posible que la ganancia sea muy alta.

Finalmente, dentro de toda esta serie de servicios que se han automatizado, la financiación ha cambiado de una manera sustancial. Tras la crisis económica vivida en los últimos años, las entidades bancarias tradicionales son muy reticentes a conceder financiación. Hoy en día sus ingresos provienen más de la venta de productos como seguros que de los intereses que les generan estas operaciones de financiación.

Pero el usuario ha podido continuar accediendo a financiación a través de otras entidades, dedicadas exclusivamente a la financiación, que ofrecen, por ejemplo, créditos rápidos, cuya gestión es rápida y eficaz.

Un paso más allá
Pero, hasta ahora hemos hablado de la digitalización de fórmulas clásicas, desde la inversión, a la obtención de créditos. Y la realidad va mucho más allá. Existe un debate sobre el dinero digital que es muy profundo, dado que incluso puede poner en jaque a las monedas de los estados de todo el mundo, se trata de las llamadas monedas digitales.

A día de hoy existen más de dos millares de las llamadas “criptomonedas”, de las cuales el Bitcoin es la más conocida.
Para hacernos una idea de su valor de capitalización, su valor actual es superior a los 130 millones de euros (datos de 2018). Eso es, más o menos el 10% del PIB de España.

La característica esencial de estas monedas digitales es que no dependen de una autoridad monetaria que centralice su certificación, como por ejemplo el Banco Central Europeo con el euro. Se revalorizan en función de la confianza que tiene el usuario que invierte en ellas. Hasta hace poco, funcionaban como un mercado de valores, pero empiezan a poder ser utilizadas como medio de pago en algunas plataformas de venta o de inversión.

Una mirada al futuro
Ante esta situación, los bancos centrales ya se están planteando la necesidad de generar sus propias monedas digitales, puesto que por su propia naturaleza tiene muchos más recursos y capacidades para poder implementar la política monetaria adecuada para cada momento. Y es que, ahora mismo, la moneda electrónica está en manos privadas y se puede considerar más una fórmula de inversión que algo que tenga una posibilidad de uso formal para pagos o cobros.

Este es el panorama ante el cual nos encontramos.
La digitalización de la economía es ya imparable y va mucho más allá de lo que se podría denominar una automatización de los procesos.

 

 

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