Los primeros pasos en la informatización de la Bibliografía Nacional

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Por D. Fernando Piera Gómez,
Creador y exdirector ejecutivo del
Centro de Proceso de Datos del MEC

 

Allá por 1970, el Director General de Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Educación y Ciencia, Don Luis Sánchez Belda (siendo ministro D. José Luis Villar Palasí), me planteó su interés por la utilización de la informática en la elaboración del boletín de la Bibliografía Nacional que producía manualmente y con periodicidad mensual la Biblioteca Nacional. Este boletín contenía la información referente a todos los libros y publicaciones impresas que se registraban obligatoriamente en el registro de la propiedad intelectual que gestionaba la Biblioteca Nacional. La Biblioteca Nacional, además, recibía dos ejemplares de todo el material impreso obligatoriamente. La confección de este boletín mensual requería los servicios de un número relativamente elevado de personal bibliotecario especializado del Cuerpo Nacional de Archivos y Bibliotecas.

El problema no era de fácil resolución en aquella época porque los bibliotecarios imponían un requisito insoslayable, que hoy en día puede parecer nimio, pero que entonces era de muy difícil solución. En la composición del boletín de la Bibliografía Nacional se debía utilizar el juego de caracteres completo de la lengua española, es decir, mayúsculas, minúsculas y símbolos de puntuación y acentuación (los acentos, y en su caso diéresis, se denominan ahora tildes) para que las palabras pudieran disponerse de una representación ortográfica y gramatical totalmente correcta. Se exigía que no pudieran existir errores de ortografía de ningún tipo.

Pero este requisito chocaba con la limitación de caracteres impuesta por la capacidad de las tarjetas perforadas como soporte y herramienta de entrada de datos en el sistema. Las tarjetas perforadas preponderantes entonces (tipo Hollerith y fabricadas por la empresa estadounidense IBM) era la de 80 columnas y 12 posiciones cada una, que no admitían, por tanto, más que un juego de caracteres y símbolos de 86 tipos que eran manifiestamente insuficientes. Tampoco se resolvía el problema con las tarjetas de 96 columnas (también de IBM) ni con las antiguas de agujero redondo de 90 columnas en dos filas de 45 y con 5 posiciones cada una (fabricadas y comercializadas por la empresa Remington Rand).

Afortunadamente, una de las empresas españolas distribuidora e importadora de material de oficina (Payma) propuso un nuevo equipo de muy reciente aparición en el mercado entonces, ya que la compañía que lo fabricaba se había creado a finales de de los años 60 del siglo pasado. Se trataba de los equipos Viatron, unas unidades compuestas por un teclado universal de máquina de escribir tipo Qwerty, pantalla alfanumérica y una unidad de registro en casete de cinta magnética. Este equipo tenía la ventaja de que sí podía registrar el juego completo de caracteres y símbolos del conjunto ASCII, tenía la facilidad de poder ser utilizado por quien supiera manejar una máquina de escribir ordinaria y además tenía un precio muy asequible, mucho más económico que las maquinas de perforación de tarjetas. Para ser más preciso, en aquellos años los equipos de entrada de datos no se vendían, se alquilaban a un precio aproximado a los 70/80 dólares americanos mensuales o su equivalente en moneda nacional, mientras los equipos Vitaron se alquilaban por solo 17 dólares por mes, además se vendían, y el precio de venta implicaba un ahorro análogo. Los equipos Viatron utilizaban uno de los primeros elementos microprocesadores. Desgraciadamente la empresa que fabricaba estos equipos quebró a mediados de los años 70 del siglo pasado. Su quiebra, en mi opinión, fue provocada por los competidores que no podían aceptar la presencia en el mercado de un competidor más eficiente que ellos, aunque ya para entonces la tarjeta perforada estaba condenada a su desaparición.

El Centro de Proceso de Datos del Ministerio de Educación y Ciencia compró una veintena de unidades Viatron y las puso en marcha hacia 1973. Además, se había logrado tener disponibles los programas, el software de edición del boletín de la Bibliografía Nacional con el esfuerzo del equipo de analistas y programadores del CPD del Ministerio, liderado por el Sr. Pinillos y con el asesoramiento del personal bibliotecario de la Biblioteca Nacional, liderado por el Sr. Torras. Se comenzó a elaborar informáticamente a principios de 1974, después de las consabidas pruebas.

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